miércoles, 12 de febrero de 2014

30 años

Un día como hoy, pero hace 30 años atrás, moría Julio Cortázar.
Moría es una forma bastante metafórica de decirlo, porque todos sabemos que no muere quien ha creado las maravillas que él creo.

De todas las maravillas, algunas me maravillan más que otras. 
El capítulo 7 de Rayuela me conmueve inefablemente cada vez que lo leo, cada vez que lo escucho, cada vez que lo transcribo. Y me parece que en cada una de esas veces, algo diferente aparece.

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. (...) Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua".


Capítulo 7 de "Rayuela", Julio Cortázar


sábado, 14 de diciembre de 2013

Metadivague saturnino

Las cuestiones de estilo atraviesan cada instante, no sólo del hacer y decir, incluso también del pensar.
Quiero decir, pienso en cambiar el modo de decir algunas cosas, para mudar de estilo, para cambiar las palabras que aparecen todo el tiempo en cada escrito; sin embargo, parece que hay una cuestión estructural que me impide esa modificación a simple pedido de mi deseo.
Debería pensar las cosas al revés, ponerme el sombrero-mágico-del-imaginar-distinto, incluso y creo que ese el ejercicio que todo lo mueve, empezar a cambiar los puntos de vista.
Lo que me pregunto es si esas mutaciones darán por resultado el esperado cambio de estilo, o si quedará impreso aún en el modo en el que se cambia de lugar la mirada para ver mejor. Es un poco pensar en el límite, o discutir si el límite existe como tal, si se mueve, si se traslada, es más bien querer pensar en los condicionantes de la acción, quizás.

Pienso entonces, estrategias de alternar un modo particular de escribir o pensar o sentir o ver, con algunos otros, y hoy no estoy tan segura de que se pueda hacer tan fácilmente. No digo imposible, no me malinterpreten, pero sí digo que hay límites estructurales, por suerte, porque es en esas flexibles paredes de goma eva donde también podemos recostarnos sin caernos cuando tememos pasar hacia otros lugares de oscura locura.

Suerte, que este metapensar absurdo de sábado a la mañana me dejó esta conclusión tranquilizadora y bonita para continuar alegremente mi fin de semana.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Espanglish

Moros en la costa
Monos en las playas
Moños en las costas, anudando rocas.

Rocas en subida.
Roca en monumento.
Picapedrero, este es el lugar a derribar.

Rondas infantiles,
persas invadiendo calles
mercados ajenos, ahora propios.
Bolitas de colores y aviones de papel,
Taiwan queda ahí, al lado de Glew.

Y todo se mezcla en un baile
sutil y grotesco, moderno y quejoso.
Un skater atraviesa la ciudad,
encontró su parque de "diversidad".
¿Dónde naciste, rapper querido?
¿Cómo lograste ese espanglish tan dulzón?

To beef or not to beef,
ya lo dijo el Indio.

Más beer que beef en este verano sin vacas cerca.






miércoles, 4 de diciembre de 2013

En verano


Hay brasas que queman aunque no tengan ni una chispa, algunas no fueron fuegos, ni pequeños fogoncitos de campamentos infantiles ni hogueras de vanidosos juguetones.

Hay brisas que soplan en la cara y despeinan hasta al más prevenido, y, si en su recorrido se encontrasen con una brasa, lejos de apagarla, la llevarían de viaje, a intentar encender otros mundos, otras vidas.

Es otra vida, dijiste. Y lo es. No lo había entendido hasta que lo mencionaste. Que bueno que aún puedo escucharte, aunque hables con monosílabos sordos de ternura (¿dónde la dejaste, si un día supiste tenerla toda entre tus manos?).

Hay brujerías, embrujos, hechizos, caracolas que quieren invitarte a vivir en su caparazón duro y aburrido. Pero hay también gallinitas de cristal, flores, caramelos de menta y miel, pelotitas de colores, sombreros de lana, bonitas-cositas-listas-para-regalar.

No todo es tu mar, sabés. Hay otros mares. Y hay arenas desperdigadas por el mundo redondo y ancho, hasta si fuera el mundo plano sostenido por las tortugas, aún así, habría mucha más arena que la que cabe en tu mirar sereno de sirena mirona, triste y encallada.

Ser un poco brasa, y un poco brisa, para ir desde algún mar remoto hasta una nieve eterna en un viaje de instantes veraniegos. He ahí la plegaria para este verano elegante que ya se quiere colar entre tus ojos.



domingo, 17 de noviembre de 2013

En el mar


Por eso, no insistas: el mar no cabe en tu valija,
es el momento de guardar tu valija en el mar.
(Alberto Szpunberg)

La inmensidad dolorosa, la arena frente a tus pies,
que sólo arde en tanto brilla, te llena los ojos y enceguece.

Y mirás el mar como si fuera posible guardarlo,
y respirás el aire espeso de la orla húmeda, el olor es ajeno, el aroma, tuyo.
Con pasos cortos dejás de ver lo que te muestra la tarde,
que quiere dejarte entrar en sus eternos rojos, invitarte a perecer.

Los brazos se mueven como aspas a contraviento,
no es tuya la brisa, no es para vos el sol que cae detrás del morro,
pero insistís en llevártelo todo.

Niñerías de mujer boba.
Sólo te llevará a vos el mar.



martes, 17 de septiembre de 2013

De Gelman


Desconsoladamente,
Des
con sol,
hada,
mente.

13-05-1980

Juan Gelman en "Bajo la lluvia ajena"

sábado, 17 de agosto de 2013

Oscuridades

La historia contrafáctica es como un vicio inútil y doloroso cuando es la historia personal la que se pone en juego. Pero en el mismo sentido de la propia locura es a veces inevitable pensar cómo hubieran sido las cosas de haber sido otras. Y tener dolores de tiempos tan viejos, leer papelitos amarillos con pedacitos de cinta scotch de haber sido pegados en espejos de hace tanto tiempo atrás... y tener angustia de soledad perpetua, y tener hachazos en la garganta hasta enmudecer. Y sentir dolores de panza de los espasmos de la tristeza infinitamente ácida.
Y querer cerrar los ojos y despertarse diez años atrás y hacer todo diferente.
Y no solo no poder cerrar los ojos, como si fuese un castigo, no poder dejar de tenerlos abiertos.
Casi sin aire, por angustias tardías, lejanas, perdidas. Y un frío que no se va con ninguna manta.
Cómo llega el dolor añejo a ser tan real y actual? Cuándo se cierran las heridas? Qué queda por hacer, por decir? Cuántas sonrisas más para curar las lágrimas?