viernes, 14 de febrero de 2014

A qué se parece el amor

Quisiera inventar una canción de amor que no fuera desdichada ni feliz.
Una canción de amor de las que no cuentan una historia,
que fuera lo suficientemente corta para saberla de memoria,
lo suficientemente larga para contar sin describir,
para describir sin detallar,
para detallar sin decir.

Quisiera no tener palabras y que el pecho se me ahogase en una diatriba muda,
quisiera sentir el fulgor del campaneo desesperante de una carrera hacia el encuentro,
el dolor vano de los segundos de ausencia sabiendo la próxima presencia,
el perfume en el aire que anuncia la tormenta de arrebato.

Quisiera también una mirada profunda que desnude de adentro hacia afuera,
un solo de violín imaginario que solamente dos escuchen,
una copa rota en el aire seguida de carcajadas ahogadas en un beso tinto.

Quisiera una carta de papel cualquiera con letras de canciones cursis,
una foto amarilla, tirados en un lugar desconocido,
un ramo de flores, y una planta florida.

A veces quisiera recortar y pegar para armar una historia que no pueda ser contada,
de esas que de tan increíblemente bellas ya nadie quiere oír;
pero que se sabe tan linda que te deja dormir apoyando la cabeza en el pecho que te acuna.








miércoles, 12 de febrero de 2014

30 años

Un día como hoy, pero hace 30 años atrás, moría Julio Cortázar.
Moría es una forma bastante metafórica de decirlo, porque todos sabemos que no muere quien ha creado las maravillas que él creo.

De todas las maravillas, algunas me maravillan más que otras. 
El capítulo 7 de Rayuela me conmueve inefablemente cada vez que lo leo, cada vez que lo escucho, cada vez que lo transcribo. Y me parece que en cada una de esas veces, algo diferente aparece.

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. (...) Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua".


Capítulo 7 de "Rayuela", Julio Cortázar